Lo que descubrimos en Renacer

Cuando perdimos a nuestro hijo Enriquito, en medio del dolor, nos enteramos por la televisión que existía el grupo “Renacer” de padres que enfrentaban la muerte de sus hijos de una manera distinta a como lo hacíamos nosotros y, llenos de esperanza, concurrimos a una reunión cuando hacía ya más de dos años de la partida de nuestro hijo. 

Lo primero que nos llamó la atención fue que nos dijeron que había dos caminos por los que podíamos optar, uno era dejarnos llevar por las emociones, encerrarnos en nosotros mismos, cerrar puertas y ventanas, tirarnos en la cama no queriendo hablar con nadie, no queriendo ir a trabajar, llenar nuestro corazón de resentimiento, de odio, de amargura y todos los sentimientos negativos que sumergen en la oscuridad al alma humana y otro camino era descubrir que nos había pasado algo que no podemos modificar y,  a partir de ahí, podíamos optar por modificar nuestra actitud frente a la vida y, gracias al poder de transformación emanado de la fuerza indómita del espíritu, vivir una vida plena.

La nuestra no era la situación descripta en primer término pero, de cualquier manera estábamos  a la búsqueda, pues queríamos encontrar algo que  nos ayudara a salir adelante por nosotros y por nuestra familia, pero no sabíamos como y transitamos por la filosofía oriental a través de los libros de Daisaku Ikeda.

Al entrar en Renacer intuimos que si asumíamos una actitud positiva, podríamos andar por la vida con la frente en alto en homenaje de amor al hijo perdido, pues una cosa es el resentimiento, la bronca, el odio, la angustia y otra cosa, muy distinta, es el amor.

Y escuchamos la voz de Gustavo Berti y de Alicia,  preguntando: ¿Qué es lo que une a un padre y a una madre a su hijo? ¿Es el odio? ¿es el rencor? ¿es la bronca? No, es el amor, pues nosotros estamos unidos a nuestros hijos por el amor.

Así descubrimos que podíamos seguir amando a nuestro hijo a pesar de  no tenerlo, amarlo de una manera distinta, en forma incondicional y un día oímos a Alicia decir: ¿acaso necesitamos de la presencia física de nuestros hijos para seguir amándolos?

Descubrimos que el mensaje de Renacer, existe para que aquellos padres que hemos perdido hijos, no muramos tras nuestros hijos y, al morir en vida, no los transformemos en nuestros verdugos o en aquellos que vinieron al mundo para destruirnos; en su lugar, Renacer propone que hagamos de nuestros hijos nuestros maestros.

¿Hacer de nuestros hijos nuestros maestros?... nos preguntamos. Al principio, suena como una cosa extraña, pero al transitar este camino nos empezamos a dar cuenta de muchas cosas que estaban ocultas a nuestro entendimiento, dándole razón a lo dicho por Blas Pascale cuando dice: “¿El corazón tiene razones que la razón no comprende.”

Empezamos a descubrir que ya no le teníamos miedo a la muerte; empezamos a descubrir que las cosas materiales tienen menos valor del que le dábamos hasta ese momento; que aquel andar, a veces  desesperados, tras una y otra cosa no tiene sentido.

Que cuando estábamos en familia con todos nuestros hijos, pese a algunos problemas por el estudio en la escuela o el liceo, pese a alguna inconducta, pese a las dificultades para llegar a fin de mes, las cosas siempre se iban arreglando y nuestra “chacrita” funcionaba bien, pero no veíamos que en la casa del vecino había dolor, hasta que el dolor nos llegó a nosotros y empezamos descubrir, a través del mensaje de Renacer, que alrededor nuestro también hay dolor y entonces nos permite hacemos más comprensivos del dolor de los demás.

El mensaje de Renacer implica sentir el dolor de los demás como propio.         

También descubrimos que podemos sentimos más tolerantes con las cosas que nos pasan... si ya nos pasó lo más grande que podía pasarnos... ¿qué importancia pueden tener los pequeños inconvenientes de la vida que antes tanto nos preocupaban?

Así, tras el camino que muestra el mensaje de Renacer, descubrimos que nuestro hijo nos está enseñando muchas cosas; y si nuestro hijo, luego de su partida, nos ha hecho ver la vida de una manera distinta ¿por qué no llamarlo maestro? ¿por qué no tomarlo como guía?

Cuando se descubre que no tenemos necesidad de la presencia física de nuestro hijo para seguir amándolo, lo encontramos en nuestro corazón.

Entonces, la partida de un hijo genera “un despertar espiritual” y sentimos la presencia de nuestros hijos a pesar de que no sabemos donde están, pues están en otra dimensión a la que no podemos llegar con nuestros sentidos, no los podemos tocar,  no los podemos ver, pero sentimos que ellos están en nuestro corazón.

Si, a través del mensaje de Renacer, se toma el camino de renunciar al propio dolor para ayudar a otro ser que sufre, sucede lo que dice Víctor Frankl con otras palabras, que quien renunciando a su propio dolor tiende una mano a otro ser que sufre, trasciende como ser humano.

Un día, en Mercedes, Gustavo Berti nos hizo esta pregunta: “¿Nosotros que hemos perdido hijos, somos las mismas personas antes que luego de su partida?” Y todos contestamos que no, que no nos sentíamos las mismas personas.

Entonces él nos dijo: si no somos las mismas personas, sólo quedan dos alternativas, o somos peores personas o somos mejores personas... ¿ustedes que eligen?

Para ser peor persona no hay que hacer nada, ni siquiera hace falta levantarse de la cama, pero si queremos ser mejores personas tenemos que levantar la cabeza, tenemos que empezar a conjugar el verbo amar y a ver en el semejante también amor y hacerlo en homenaje a nuestros hijos.

Es así que, a través del mensaje de Renacer, nuestra vida es en homenaje a nuestros hijos.

Un día, un padre dijo: “cuando tuve el accidente con mi hijo,  mientras estaba esperando en el sanatorio dije: yo doy mi vida por mi hijo, pero no me fue concedido” y agregó: “Entonces, como yo ya di mi vida por él, ya no me pertenece, ahora debo vivirla en homenaje a Gonzalo y desde que me levanto hasta que me acuesto, pensando en él, trato de ser mejor persona, mejor padre, mejor hijo, mejor amigo, mejor integrante de la comunidad.”

Ese es el homenaje que podemos  hacerle a nuestros hijos, pues ¿qué padre no daría su vida por la de su hijo?

En la cultura a la que pertenecemos, homenajear al hijo que partió es ir al cementerio, llevarle flores, tener sus fotos, ofrecerle misas, todo eso está bien, pero con el mensaje de Renacer descubrimos que nuestro homenaje va más allá, consiste en vivir, permanentemente, en homenaje al hijo todos los instantes de nuestra vida.

No es que vayamos a vivir en homenaje a nuestros hijos mientras estamos en Renacer, sino que el homenaje a nuestros hijos es permanente: eliminando el odio, sacándonos la bronca, eliminando las culpas, teniendo ganas de trabajar, ejercitando el amor, en una palabra, vivir como nuestros hijos quisieran que viviéramos.

Íntimamente deberíamos hacernos la pregunta ¿cómo quisieran ellos que nosotros viviéramos?

Cuántas veces los hijos le dicen a su mamá: “mamá quisiera verte siempre linda”.  Estamos seguros que muchas madres a quienes sus hijos, antes de partir, les dieron esa señal premonitoria de cómo quisieran verlas,  hoy se dejan de peinar, se dejan de arreglar, hacen como María una madre de Renacer Artigas que nos decía: “pasé 10 años andando por las calles dando lástima, toda despeinada, desaseada, mal vestida, en ruinas, entré en Renacer y hoy me paran por la calle y me preguntan ¿qué pasó que te veo tan bien y arreglada? Y yo les contesto fue el mensaje de Renacer” y agregó “Ustedes me ven hoy bien arreglada, pero pasé 10 años en que mi esposo era un viudo con una señora “viva”, entre comillas; ahora recompusimos el hogar y recompusimos nuestra vida, gracias  a que ahora vivimos como hubiera querido el hijo que partió.”

¿Acaso alguien tiene la duda de que nuestros hijos quisieran que nosotros viviéramos una vida digna?

Una vida digna por aquellos seres queridos que nos rodean, el esposo o la esposa, una vida digna para los otros hijos que están con nosotros, o ¿acaso ellos no están sufriendo tanto o más que nosotros? ellos perdieron a su hermano, a su compañero de juegos, a su compañero de picardías, a veces a su mascota otras veces a su modelo y ellos lo sienten profundamente y cuando nosotros elegimos el camino de las emociones, elegimos el camino del odio, el camino de la angustia, de la bronca, de la culpa, del desgano, de la inacción, encerrados en el propio dolor, ellos ven que sus padres también se están yendo de la vida, que ya no son aquellos padres que eran antes.

Nosotros debemos vivir la vida dignamente para que ellos puedan superar esa tremenda dificultad que han tenido en sus vidas tan tempranamente.

También tenemos que vivir una vida digna para los amigos, esos amigos que vienen y luego no saben que decirnos, pues nos encuentran amargados, nos encuentran tristes, no saben de qué hablar con nosotros y entonces para no hacernos sufrir, se retiran... somos nosotros los que tenemos que llamarlos y demostrarles que podemos llevar una vida digna en homenaje a ese hijo que partió y ni que hablar para la sociedad, porque la sociedad no puede perder a un padre o a una madre que ha perdido un hijo, la sociedad necesita de nosotros y el mensaje de Renacer lo que hace es devolver a la sociedad padres con dignidad para enfrentar la vida.

Por este camino que muchos, en algún momento, empezamos a transitar y otros empiezan hoy a transitar se  pueden descubrir una cantidad de cosas nuevas, pero no existen varitas mágicas, todo depende de nuestro esfuerzo, todo depende de nuestra determinación, todo depende de nuestra responsabilidad  y de la asistencia asidua a las reuniones periódicas del grupo, no como una reunión social, sino para descubrir, lo que oculto tras las palabras, encierra el mensaje de Renacer.

 Si se opta por el camino de asumir una actitud positiva frente a la vida en homenaje a sus hijos, siguiendo el camino del amor, renunciando al dolor, al final de ese camino, en determinado momento, se logrará recuperar aquello que todos perdimos el día de la partida de  nuestros hijos, cuando nos cayó una bomba y no sabíamos que hacer con nuestras vidas.

Aquel día perdimos la paz interna, nos llenamos de insomnios, nos llenamos de dudas, nos llenamos de preguntas, pero si transitamos el camino que se abre ante nosotros, a través del mensaje de Renacer, va a llegar un momento en que se recobre la paz interna y a pesar de no tener la presencia física de nuestros hijos, podemos ser felices en la presencia espiritual de ellos, en su recuerdo amoroso y sobre todo en su homenaje, entregándoles el tributo de nuestra vida, siendo cada día mejores personas.

Esta es la invitación contenida en el mensaje de Renacer al corazón de cada padre: renunciemos al dolor profundo, renunciemos a la culpa, renunciemos al odio, renunciemos al llanto, para en su lugar sembrar en nuestro jardín, el jardín de Renacer, una flor y cada uno sabrá si lo que quiere plantar en ese jardín es un cardo o es un jazmín.

A través del tiempo hemos recibido de Renacer, ya sea de sus creadores, de los demás padres o de las lecturas realizadas, una enorme cantidad de conceptos que nos han ayudado a vivir esta instancia que la vida nos ha deparado y han sido el faro que nos ha permitido, en este mar embravecido, ver una luz de esperanza, pues como nos dijo Gustavo Berti “no todo termina cuando se va un hijo, más bien, diría que muchas cosas comienzan cuando se va un hijo. Esa es la tarea, descubrir qué es lo que comienza en la vida después que se va un hijo” y éstas, que hemos descrito aquí, son sólo algunas de las tantas cosas que es posible descubrir; depende de cada uno de nosotros como seres únicos e irrepetibles.

                                                                                

Ana y Enrique
Conde