EL SENTIDO DE LA VIDA HUMANA

Victor Frankl

 

Nos sale aquí al paso un fenómeno humano que yo considero fundamental desde el punto de vista antropológico: la autotrascendencia de la existencia humana.

Quiero describir con esta expresión el hecho de que en todo momento el ser humano apunta, por encima de sí mismo, hacia algo que no es él mismo, hacia algo o hacia un sentido que hay que cumplir, o hacia otro ser humano, a cuyo encuentro vamos con amor.

En el servicio a una causa o en el amor a una persona, se realiza el hombre a sí mismo. Cuanto más sale al encuentro de su tarea, cuanto más se entrega al otro, tanto más es él mismo hombre, y tanto más es sí mismo. Así pues, propiamente hablando sólo puede realizarse a sí mismo en la medida en que se olvida a sí mismo, en que se pasa por alto a sí mismo.

¿No ocurre lo mismo con el ojo, cuya capacidad visiva depende de que no se ve a sí mismo? ¿Cuándo ve el ojo algo de sí? Sólo cuando está enfermo. Cuando padezco glaucoma, veo una nube, y entonces es cuando advierto la opacidad del cristalino. Cuando tengo un glaucoma, veo un halo de colores del arco iris en torno a las fuentes luminosas, lo que no es sino el glaucoma. Pero en esta misma medida disminuye la capacidad de mi ojo para percibir el entorno.

El sentido no puede darse, sino que debe descubrirse. Este proceso de descubrimiento del sentido tiene como finalidad la percepción de una figura (Gestalt). El sentido debe descubrirse, pero no puede inventarse.

Lo que se inventa o es un sentido subjetivo, un mero sentimiento de sentido, o un contrasentido. Se comprende, pues, que el hombre que no es capaz de descubrir un sentido de su vida, ni tampoco imaginárselo, se inventa, para huir de la maldición del complejo de vacuidad, o bien un contrasentido o bien un sentido subjetivo.

El sentido no sólo debe sino que también puede encontrarse, y a su búsqueda guía al hombre la conciencia. En una palabra, la conciencia es un órgano del sentido. Podría definírsela como la capacidad de rastrear el sentido único y singular oculto de cada situación.

La conciencia como órgano del sentido

La conciencia es uno de los fenómenos específicamente humanos. Pero no es sólo humano, sino también demasiado humano, hasta el punto de que participa de la condition humain y está marcada por su sello, la finitud.

La conciencia también puede extraviar al hombre. Más aún; hasta el último instante, hasta el postrer aliento, el hombre no sabe si a cumplido realmente el sentido de su vida o si más bien tan sólo ha creído haberlo cumplido: ignoramus et ignorabimus (“ignoramos e ignoraremos”)

Desde Peter Wust, “incertidumbre y riesgo van unidos”. Por mucho que la conciencia pueda dejar sumido al hombre en gran incertidumbre respecto de la pregunta de si ha concebido y comprendido el sentido de su vida, esta incertidumbre no le exime del riesgo de obedecer a su conciencia o, cuando menos, de pararse a escuchar su voz.

Pero no sólo es riesgo forma parte de aquella incertidumbre, sino también la humildad. El hecho de que ni siquiera en nuestro lecho de muerte sepamos si nuestro órgano del sentido, nuestra conciencia, ha sido o no víctima de un engaño, significa también que es la conciencia de los otros la que puede estar en lo cierto.

Esto no quiere decir que no existe ninguna verdad. Sólo puede haber humildad significa, por consiguiente, tolerancia. Pero tolerancia no quiere decir indiferencia. En efecto, respetar la fe de los que opinan de otra manera no significa identificarse con ella.

Vivimos en una época de creciente difusión del complejo de vacuidad. En esta época, la educación ha de tender no sólo a transmitir conocimientos, sino también a afinar la conciencia, de modo que el hombre preste atento oído para percibir el requerimiento inherente a cada situación.

El vacío existencial o complejo de vacuidad

En unos tiempos en que los diez mandamientos han perdido, al parecer, su vigencia para tantas personas, el hombre tiene que estar capacitado para percibir los 10.000 mandamientos encerrados en 10.000 situaciones, con las que le confronta su vida.

Y esto no sólo hace que la vida le parezca de nuevo plena de sentido sino que él mismo se inmuniza contra el conformismo y el totalitarismo, estas dos secuelas del vacío existencial.

Y es que sólo una conciencia despierta da al hombre capacidad de resistencia, de modo que ni se pliega al conformismo ni se inclina ante el totalitarismo.

De una u otra manera, la educación es hoy más que nunca una educación para la responsabilidad. Y ser responsable significa ser selectivo, ir eligiendo. Vivimos en el seno de una affluent society, (una sociedad cambiante), estamos sobre saturados de incentivos a través de los mass media y nos hallamos en la edad de la píldora.

Si no queremos quedar sepultados bajo esta oleada de incentivos, sino queremos hundirnos en una total promiscuidad, entonces tenemos que aprender a distinguir entre lo que es esencial y lo que no lo es, entre lo que tiene sentido y no lo tiene, entre lo que es responsable y lo que no.

Sentido es, por tanto, es sentido concreto en una situación determinada. Es siempre el requerimiento del momento. Pero este requerimiento está  a la vez siempre dirigido a una persona concreta.

Y del mismo exacto modo que cada situación concreta es singular, de este mismo modo es también singular cada persona concreta.

Cada día y cada hora espera, pues, con un nuevo sentido y a cada persona le aguarda un sentido distinto del de los demás. Existe, pues, un sentido para cada uno y para cada uno hay un sentido especial.

Una vida llena de sentido

De todo lo dicho se desprende que el sentido del que aquí tratamos debe cambiar de situación en situación y de persona en persona. Pero está universalmente presente.

No existe ninguna situación en la que la vida deje ya de ofrecernos una posibilidad de sentido, y no existe tampoco ninguna persona para la que la vida no tenga dispuesta una tarea.

La posibilidad de cumplir un sentido es en cada caso única y la personalidad que puede realizarse es también, en cada caso, singular.

No existe ninguna situación en la vida que carezca de autentico sentido. Este hecho debe atribuirse a que los aspectos aparentemente negativos de la existencia humana, y sobre todo aquella trágica tríada en la que confluyen el sufrimiento, la culpa y la muerte, también puede transformarse en algo positivo, en un servicio, a condición de que salga a su encuentro con la adecuada actitud y disposición.

Al cumplir un sentido, el hombre se realiza a sí mismo. Si cumplimos el sentido del sufrimiento, realizamos la más humano del ser humano, maduramos, crecemos, crecemos mas allá de nosotros mismos.

Incluso cuando nos encontramos sin remedio y sin esperanza, enfrentados a situaciones que no podemos modificar, incluso entonces estamos llamados y se nos pide que cambiemos nosotros mismos.

Cuanto más desconoce el hombre el objetivo de su vida, más trepidante ritmo da esta vida.

Lo que importa no es tanto que la vida de una persona esté llena de dolor o de placer, sino que esté llena de sentido.


Textos de Victor Frankl: “Ante el vacío existencial”, Herder, Barcelona 1997

 Imprimir esta página.